La Declaración de Derechos segundo era una oferta hecha por el Franklin D. Roosevelt del presidente de Estados Unidos durante su informe presidencial sobre el estado de la Nación el el 11 de enero, 1944 para sugerir que la nación había venido reconocer, y debe ahora ejecutar, una segunda Declaración de Derechos . Roosevelt no estuvo a favor de ninguÌn cambio a la constitución de Estados Unidos ; él sostuvo que la segunda Declaración de Derechos debía ser ejecutada político, no por los jueces federales. La justificación indicada de Roosevelt era que el " rights" político; concedido por la constitución y la Declaración de Derechos tenía " inadecuado probada para asegurarnos igualdad en la búsqueda de happiness." El remedio de Roosevelt era crear un " cuenta económica del rights" cuál garantizaría:
Trabajo del
A con un salario vivo
Libertad de la competencia desleal y de monopolios
Homeownership
Asistencia médica
Educación
Reconstrucción
Roosevelt indicó que eso tener estas derechas garantizaría seguridad americana, y el lugar de esa América en el mundo dependió de hasta dónde este y las derechas similares habían sido llevadas en práctica.
Extracto de presidente Roosevelt mensaje del 11 de enero de 1944 al congreso de los Estados Unidos en el Estado de la Unión
Ahora es nuestro deber a comenzar a poner los planes y a determinar la estrategia para ganar de una paz duradera y el establecimiento de un nivel de vida americano más arriba que nunca antes de sabido. No podemos ser contentos, no importa cómo es alto que el nivel de vida general puede ser, si alguna fracción de nuestro gente-si sea una mitad o un quinto o uno-décimo-es ill-fed, enfermo-arropado, enfermo-contenido, e inseguro.
Esta república tenía su principio, y vino su actual fuerza, bajo protección de cierto político inalienable derecho-entre él la derecha del discurso libre, prensa libre, libera la adoración, el ensayo del jurado, la libertad de búsquedas desrazonables y asimientos. Nuestros correcto a la vida y a la libertad.
Pues nuestra nación ha crecido de tamaño y estatura, sin embargo-como nuestra economía industrial el ampliar-este derecho político demostró inadecuado asegurarnos igualdad en la búsqueda de la felicidad.
Hemos venido a una realización clara del hecho de que la libertad individual verdadera no puede existir sin seguridad económica e independencia. Los “hombres necesitados no son hombres libres.” La gente que tiene hambre y fuera de un trabajo es la materia cuyo se hacen las dictaduras.
En nuestro día estas verdades económicas se han aceptado como evidentes en sí. Hemos aceptado, así que hablar, una segunda Declaración de Derechos bajo la cual una nueva base de la seguridad y de la prosperidad se puede establecer para todo-cueste lo que cueste de la estación, de la raza, o del credo.
Entre éstos estar:
La derecha a un trabajo útil y remunerador en las industrias o las tiendas o las granjas o las minas de la nación;
La derecha de ganar bastantes para proporcionar el alimento y ropa y reconstrucción adecuados;
La derecha de cada granjero de levantar y de vender a sus productos en una vuelta que lo dará y a su familia una vida decente;
El la derecha de cada hombre de negocios, grande y pequeño, de negociar en una atmósfera de la libertad de la competencia desleal y de la dominación por monopolios en el país o al exterior;
La derecha de cada familia a un hogar decente;
La derecha a la asistencia médica adecuada y la oportunidad de alcanzar y de disfrutar de buena salud;
La derecha a la protección adecuada contra los miedos económicos de la edad avanzada, de la enfermedad, del accidente, y del desempleo;
La derecha a una buena educación.
Toda la seguridad del encanto de las estas derechas. Y después de esta guerra estamos ganado debemos ser preparados para trasladarse adelante, en la aplicación de las estas derechas, a las nuevas metas de la felicidad y del bienestar humanos.
Propio lugar legítimo de América en el mundo depende en parte grande de cómo completamente este y las derechas similares se han llevado en la práctica para nuestros ciudadanos.
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